El valle del Guadalquivir: tierra de sol, perfume de Oriente
Para los poetas árabes, Andalucía era el “el país a dos pasos del paraíso”. Los ardientes flamencos, las corridas de toros y el perfume de Islam muy de “postal”, no son suficientes para resumir la región española más meridional. En Andalucía, ninguna ciudad se parece a otra. El Guadalquivir que la atraviesa de este a oeste refleja todos esos contrastes entre sierras cubiertas de nieve, desiertos dignos del Far West y playas blancas inundadas de sol.
El “río grande” árabe
El nombre de Guadalquivir procede de Wadi al-Kabir que significa “río grande” en árabe. Su longitud es de 602 Km., nace en la Sierra de Cazorla y desemboca en el Océano Atlántico, en el golfo de Cádiz, cerca de Sanlúcar de Barrameda. El sur del valle del Guadalquivir, de Sevilla a Córdoba, se denomina campiña. Esta llanura cubierta de cereales, campos de algodón, viñedos y olivos, está salpicada de grandes aldeas. Poco antes de Sevilla, la sucesión de colinas poco elevadas de los Alcores marca la entrada en la parte oriental del valle donde se crían los toros de lidia. Tras pasar Sevilla, el Guadalquivir atraviesa una región pantanosa denominada las Marismas. El río, alimentado por agua de lluvia en invierno y por la nieve fundida de Sierra Nevada en verano, conserva un caudal considerable y regular a lo largo de todo el año, que permite el riego y la producción de energía hidroeléctrica. Durante la ocupación de España por los musulmanes en la Edad Media, el Guadalquivir era navegable hasta Córdoba. Pero a causa de la progresiva acumulación de sedimentos, en la actualidad sólo puede remontarse hasta Sevilla, es decir, a lo largo de 80 Km.
Sevilla la alegre y Córdoba la soñadora
La riqueza de las tierras que rodean el valle del Guadalquivir y el agua que desciende desde Sierra Nevada, hicieron posible que los arquitectos construyesen palacios y jardines de gran belleza y una destacable armonía. Andalucía fue musulmana durante siete siglos, pero conquistada por España en 1492 y enriquecida por el oro que llegó de
América, no tardó en personalizar su estilo a través del arte gótico, el Renacimiento o en Barroco. Ocupó un primer plano en el panorama artístico español del siglo XVII. Sevilla y Córdoba son los más bellos testimonios del “Siglo de Oro”.
Gran plano de algunas escalas radiantes…
Sevilla, cuarta ciudad de España con 700.000 habitantes, alegre y colorida, vive al ritmo de las ferias, las corridas de toros y las exaltadas procesiones de la Semana Santa. Sus riquezas y atractivos son innumerables: el antiguo minarete de la Giralda, la Catedral, el Museo de Bellas Artes, el barrio antiguo de Santa Cruz… La Expo’92 que conmemoró el descubrimiento de América por Cristóbal Colón en 1492, supuso un gran impulso económico para la ciudad, con 20 millones de visitantes en 6 meses. A orillas de un meandro del Guadalquivir, Córdoba, más soñadora, refleja el encanto del embrujo del Oriente. Con su gran Mezquita, monumento esencial de la arquitectura musulmana y obra maestra de la Historia del Arte con sus 850 columnas, es la ciudad medieval más bella de España.
Más cerca del litoral, Jerez es un municipio opulento y animado, enriquecido por el comercio de su vino: el xérès en francés, sherry en inglés ya que es muy apreciado por los anglosajones. Es igualmente la capital del arte ecuestre gracias a su Escuela Real y la cuna del cante flamenco.
Cádiz, en la Costa de la Luz, es una roca en medio de la mar, unida al continente sólo por un estrecho istmo. Ciudad fascinante con sus callejuelas, sus grandes plazas floridas diseñadas en el siglo XVIII, su muralla vertical sobre el océano, a la que se denomina la "Tacita de Plata". Según la leyenda, la bella Cádiz fue fundada por Hércules…
La otra roca es Gibraltar, un pedazo de Inglaterra encallado en el Mediterráneo, que ofrece una vista panorámica de la bahía de Algeciras y la costa africana.
Sanlúcar de Barrameda está en primer plano de este espectáculo repleto de magia. Entre el mar y los viñedos que crecen bajo un sol blanco, el puerto recuerda a Cristóbal Colón, que zarpó en dirección a América, y a Magallanes que inició algunos años más tarde su periplo alrededor del mundo.



