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EL RHIN Y SUS AFLUENTES

EL RHIN, ENTRE ROMANTICISMO Y REALISMO

El Rhin y su romanticismo legendario… El Rhin, río histórico, primer testigo de la construcción de la actual Unión Europea… El Rhin, primer destino de nuestra compañía, sigue siendo en la actualidad uno de los itinerarios emblemáticos de nuestro catálogo. ¿Qué sabemos de este “viejo patriarca” que ha terminado por serenarse y modernizar su cauce tumultuoso?

Un río internacional

El Rhin es un río internacional por excelencia. Nace en los Alpes, en el cantón suizo de los Grisones, y desemboca 1.350 Km. más lejos en el Mar del Norte, en Holanda (Países Bajos), donde recibe las aguas del Mosa, antes de estallar en varios brazos. Río frontera entre Suiza y Austria, entre Suiza y Alemania, entre Francia y Alemania, donde es alsaciano en 180 Km, y separa el departamento de Vosges y la Selva Negra, entre Basilea y Maguncia. A continuación, su cauce se dirige hacia Luxemburgo y los Países Bajos donde se ensancha y se hace poderoso.
El Rhin es el 29º río del mundo, después del Danubio (2.892 Km.) y delante del Loira (1.010 Km.). Aunque pertenece a todos sus ribereños, no atraviesa ninguna ciudad sino que las rodea, como en Karlsruhe, Mannheim, Maguncia, Coblenza, Colonia, Dusseldorf y Estrasburgo, que constituyen los grandes puertos y algunas de nuestras escalas más destacables.

Prudencia en la parte romántica

El Rhin es la vía fluvial más frecuentada de Europa y sin duda la más moderna actualmente. Es navegable en 883 Km., desde su desembocadura a Basilea. Se rige por el Convenio de Mannheim, firmado en 1868 entre Francia, el Gran Ducado de Baden, el Gran Ducado de Hesse, los Países bajos y Prusia. La comisión central del Rhin es la encargada de controlar desde Estrasburgo la libre circulación por esta “vía navegable internacional” acondicionada para barcos de hasta 300 toneladas. No existen grandes dificultades para navegar por este importante eje económico de Europa Occidental, certifica el almirante Franck Fiorillo. Sólo hay que prestar atención al tráfico, muy denso, y al canal navegable. Y desconfiar sin duda de la célebre Lorelei, legendaria sirena posada sobre su risco y que inspiró mucho a Guillaume Apollinaire: "En Bacharat, vivía una rubia hechicera Que hacía morir de amor todos los hombres de alrededor...".

Pero la hechicera no es la única que ilumina el Rhin. Están también los viñedos que provocan la embriaguez del Rhin allá donde aquéllos se reflejan en sus aguas, siempre según Apollinaire, y los castillos. Al menos unos treinta “burgos" en una distancia de 60 Km. entre Coblenza y Maguncia. Entre otros, la fortaleza de Ehrenfels, La Torre del ratón, el castillo de Stahleck y la impresionante fortaleza de Pfalzgrafenstein, justo después de Lorelei, que se yergue como un navío de piedra en medio de la corriente.

Entre guerra y paz

El Rhin complace tanto a los navegantes como a los pasajeros de nuestros cruceros, siempre bajo el encanto de este río que tanto ha visto a lo largo de los siglos. Ha conservado la traza de los valientes soldados de la Revolución. El pequeño cementerio de Petersberg, junto antes de Coblenza, les rinde homenaje. Mientras que Kellermann triunfaba en Valmy, los ejércitos revolucionarios avanzaban en el valle del Rhin. Así, en Estrasburgo, una tarde de abril de 1792, Rouget de l’Isle, lugarteniente de guarnición, compuso el Canto de Guerra del ejército del Rhin, que se convirtió en la Marsellesa. Después de varios conflictos cruentos, el Rhin fue testigo del primer tratado de la reconciliación franco alemana que abocó en la construcción de la Unión Europa del futuro. Charles de Gaulle y Konrad Adenauer lo convirtieron en el símbolo de un futuro orientado bajo el signo de la paz.

Navegar por aguas limpias

Sus aguas son tan limpias que el salmón, que desapareció durante un tiempo, ha vuelto a las mismas. Esta es una señal de buena salud. Porque el Rhin fue, a partir de los años 70, una de las cloacas más repugnantes de Europa. El agua, invadida por los deshechos y las aguas residuales, sobrecargado de metales pesados y sustancias nocivas, no era apta para el consumo y fatal para la fauna acuática. El río sufrió además en 1986 las consecuencias del incendio de la planta química de Sandoz, cerca de Basilea: se vertieron en el río insecticidas y pesticidas con el agua que sirvió para controlar el siniestro. Esta catástrofe ecológica acabó por movilizar a los Estados ribereños. Gracias a la combinación de los esfuerzos de éstos, el Rhin vuelve poco a poco a ser un río limpio.
CroisiEurope ha abierto la vía del turismo fluvial en este mítico río. Todo comenzó con el Alsace I, primer barco adquirido para ir hasta Lauterburg para almorzar y bailar durante una jornada y después a Rüdesheim, para pasar la noche. Posteriormente, llegaron los primeros barcos con camarotes, en los años 80: el Petit France, el Hansi, el Kléber, el Kellermann y todos los demás, cada vez más confortables, para festejar la belleza de este río, como han hecho los poetas de ambas orillas, más allá de todas las guerras fratricidas. 

 
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